
Estás tan fijo ya, tan alejado,
que la mano del Greco no podría
dar más profundidad, más lejanía
a tu sombra de mártir expoliado.
Te veo ante tu Dios, el toro al lado,
en un ruedo sin límites, sin día,
a ti que eras una Epifanía
y hoy eres un estoque abandonado.
Bajo el hueso amarillo de la frente,
tus ojos ya sin ojos, sin deseo,
radiográfico, místico, ascendente,
fiel a ti mismo, de perfil te veo,
como ya te verás eternamente,
esqueleto inmutable del toreo
José Alameda